La Nueva Mayoría y el fantasma de la Concertación

 Los siguientes párrafos constituyen una selección de la obra recientemente publicada por editorial Ceibo donde se examinan las condiciones estructurales que dieron origen y forma a la Nueva Mayoría y cómo dichas características presionan sobre la posibilidad efectiva de ejecutar cambios estructurales a partir de un proceso de reformas.

El 12 de agosto de 2013 los ciudadanos de Chile supieron que la Concertación de Partidos por la Democracia había llegado a su fin. No se trató, sin embargo, de un anuncio oficial o una declaración pública, sino que nos enteramos casi de rebote. Ese día, Osvaldo Andrade fue consultado por los periodistas sobre los pésimos resultados de la Concertación en la última encuesta Adimark y su respuesta fue clara: la Concertación no podía tener ni aprobación ni rechazo pues ya no existía, agregando luego que lo que sí existía era una Nueva Mayoría. De este modo, los chilenos supieron que la coalición política más exitosa de la historia de Chile, no solo en resultados electorales, sino que también en términos de crecimiento económico, había sido sepultada sin aviso a sus amigos y compañeros, sin ritos ni despedidas.
El pacto político que fue la Concertación de Partidos por la Democracia no tuvo la capacidad de liderar transformaciones estructurales. Ni siquiera pudo instalar matices relevantes al modelo de sociedad heredado de la dictadura. No obstante su incapacidad, un análisis mínimo permite reconocer que dicho pacto (la Concertación) era mucho más sólido políticamente que el pacto actual de la Nueva Mayoría (que es solo un acuerdo programático)...